A mi hijo le gusta jugar con muñecas ¿qué hago?



El juego es una necesidad de todos las niñas y niños, a través de él comunican lo que sienten, lo que piensan, lo que aprenden. Es un medio de expresión más eso no significa que a lo que jueguen defina quienes son o serán en un futuro. Habría que pensar cuántos de nosotros que jugamos a ser astronautas, veterinarios /as , doctoras /es, y realmente lo hicimos cuando nos convertimos en adultos, porque el juego no define sólo ensaya roles y conductas.

Los niños y las niñas tendrían que ser libres de jugar sin las ataduras de temores y educaciones tradicionales que no les permiten ser. Existe una insistencia social de diferenciar el juego entre “juegos de niños” y “juegos de niñas” cuando no tendría que haber tal: niñas y niños son diferentes es verdad más eso no quiere decir que no puedan compartir gustos, así una nena pueda ser la mayor fanática del futbol y pedirle a sus padres que le compren la camiseta de su equipo favorito con todo y balón y un chico disfrutar cambiándoles la ropa a una muñeca sin que esto defina su sexualidad.

Existe una confusión muy generalizada entre lo que es el sexo, el género y la orientación sexual vamos a tratar de aclararlo de una forma simple.

El sexo se refiere a la genética que determina los órganos sexuales con los que nacemos, si un bebé nace con vulva decimos que es una mujer y si nace con pene y testículos se dice que es un hombre. Salvo complicados procedimientos médicos, el sexo biológico no es elegible y aunque existen otras posibilidades en las combinaciones genéticas (como el hermafroditismo) por ahora no nos ocuparemos de ellos para no hacer más complicado este escrito.

Luego entonces tenemos que se puede nacer hombre y mujer, pero aún hay que llegar a serlo y esto conlleva cargas sociales y acuerdos en relación a las asignaciones de género. Aquí es cuando hablamos de lo masculino y lo femenino, lo cual es un conjunto de reglas de conducta, vestimentas, tareas que varían de sociedad en sociedad en relación a lo que corresponde a cada género. [A1] Los acuerdos sociales en relación al género cambian a través del tiempo y de la historia, pensemos por ejemplo en el uso de pantalones los cuales apenas a principios del siglo pasado eran impensables para ser usados por las mujeres por ser uno de los símbolos masculinos por excelencia y que ahora dentro de nuestra sociedad son de uso común por ambos sexos, o bien el caso de los aretes o pendientes que fuesen considerados un elemento femenino y que actualmente son usados por los varones sin que el uso de los mismos represente cambios determinantes en el cuerpo u orientación sexual de las personas. Como mencionamos anteriormente el género es una convención social que representa expectativas en relación al sexo de las personas.

Aún ahora solemos vestir a las niñas de rosa y esperamos de ellas conductas “femeninas” como que les gusten las muñecas, quieran ser princesas y jueguen a cuidar a los bebés mientras que de los chicos esperamos que jueguen con carros, vistan de azul y disfruten los deportes de contacto por el simple hecho de haber nacido varones. La sociedad en muchas ocasiones castiga lo que se sale del molde y entre más tradicional es más castiga a las personas que tienen gustos inesperados. Es tristemente frecuente escuchar a padres y madres alterados porque a su hijo le gusta jugar con muñecas o lo pescaron un día probando los maquillajes de la madre o a las niñas que no permiten que hagan deportes “masculinos” porque se pueden “desviar” lo cual nos habla claramente de una homofobia latente.

La orientación sexual por otra parte es la capacidad de un ser humano de establecer una relación amorosa y sexual con otra persona, la cual puede ser del sexo opuesto o del mismo. La orientación sexual se descubre a través de la vida de las personas y es una experiencia privada, personal, no es una elección y no guarda una relación directa con el género o el sexo. Es decir que puede ser una mujer con todos los atributos sociales considerados femeninos y aún así gustar de otras mujeres como compañeras de vida; de la misma manera que un hombre puede ser en su actuar y vestir totalmente masculino y aun así elegir como pareja a otro hombre. De la misma manera que un hombre pueda tener en su conducta atributos considerados femeninos y gustar de la mujeres para la elección de pareja o una mujer tener gustos considerados masculinos y tener una pareja hombre, pues de nueva cuenta las actitudes o aspectos sociales no definen la orientación sexual.

Hablando de niña y niños no hay juegos que definan su orientación sexual, la cual como mencionamos anteriormente es un descubrimiento personal que puede variar en la edad de los chicos y las chicas pero que de manera general podemos decir que se consolida a través de la adolescencia. Por lo que no hay nada que podamos hacer para modificarla y menos desde la prohibición del juego.

Las niñas y los niños aprenden y ensayan modelos de conducta a través del juego, aprenden lo que se espera de ellas y ellos, más también es la forma en la que expresan lo que les gusta. Es triste identificar que muchas veces la cultura los limita y frena sus deseos para forzarlos a “encajar”.

Los niños y niñas pequeños (esto es entre lo 5-6) años no tienen muchas restricciones en relación al tipo de juegos y juguetes que eligen, cuando los dejamos en un cuarto con juguetes pueden elegir el que sea sin sentir que esto les define su identidad, más es observable que al cabo del tiempo y por la presión social que se ejerce en ellos, van dejando estas prácticas para ser parte de de lo que les dicen que “tiene que ser” y comienzan con los discursos desde la expectativa de los padres y las madres, por ejemplo muñecas para niñas y figuras de acción para niños.

Esta manera de educarlos lo que promueve además son viejas posturas sobre el papel del hombre y la mujer, perpetuamos sin darnos cuenta los machismos que perpetúan la desigualdad de género. Les seguimos diciendo a las niñas que TIENEN que ser dulces y bonitas mientras que a los niños tienen que ser fuertes, que las niñas pueden expresar sus emociones mientras que ellos tienen que “aguantarse”, y así seguimos manteniendo posturas de desequilibrio del poder.

Cabe mencionar que no es que estemos en contra de que alguna niñas esa dulce o que un chico sea fuerte, el problema es cuando lo convertimos en una obligación y no respetamos la naturaleza de los pequeños.

Iniciamos este artículo con una pregunta ¿Qué hago si mi hijo le gusta jugar con muñecas? La respuesta sería : déjelo, que no le va a pasar nada y mejor interésese en saber porque le gusta jugar con ellas y seguramente se llevará una grata sorpresa.

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